La historia de Can Papiol

Can Papiol es mucho más que una casa, es el símbolo de todo un linaje familiar. Tras la austera fachada neoclásica, se ocultan opulentos salones decorados con todo lujo de detalles que en su momento acogieron a la flor y nata de la alta sociedad local.

La familia —Francesc de Papiol junto con su madre y sus dos hermanas— se trasladó a la casa en el 1801. Al morir Francesc sin descendencia (1817), sus sobrinos se convirtieron en los herederos del casal. Las siguientes generaciones vivieron hasta 1959 bajo el apellido de Rubinat, primero, y Torrents, después.

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La casa

La casa fue construida por orden de Francesc de Papiol i de Padró. Se necesitaron once años para levantarla. El inicio de las obras data de 1790. Con la construcción de este imponente edificio, el heredero sabía que aseguraba el futuro de la familia y que la arquitectura perduraría más allá de las personas que la habitasen. La ubicación era muy céntrica, en pleno Carrer Major, una de las arterias principales del tejido urbano, muy cerca de la parroquia de Sant Antoni y el antiguo ayuntamiento.

Los terrenos

Los terrenos en los que se edificó eran un antiguo huerto propiedad de los Papiol ubicado en el extremo norte de la villa y para tal fin se hizo un encargo formal al maestro de obras Joan Pau Petxamé. El inmueble constaría de planta baja, entresuelo, planta principal y dos pisos superiores de menor altura a fin de albergar múltiples cuartos, tanto para el resto de miembros de la familia como para el servicio.

La fachada

La fachada del Carrer Major, la parte exterior y más visible, es de un gusto totalmente neoclásico y está decorada con pilares estriados y capiteles compuestos pintados directamente sobre el fondo blanco de la pared. Los balcones, como se puede apreciar desde abajo, están revestidos con baldosas de vela en blanco y verde, que era la típica cerámica ornamental catalana de aquella época.

Un detalle interesante es el escudo heráldico esculpido en piedra que está situado justo encima del portal principal. Identificaba a los propietarios de la casa: un escudo cuarteado con las armas de las distintas ramas familiares que confluyeron en el mismo linaje: los Padró (con un león y una pilastra), los Catà (con un can), los Martí (con el mar y un pez), los Argullol (con una representación vegetal) y el blasón de los Papiol (con una banda horizontal).